Recorrido en la historia
De niño, Rudeus demuestra ser un prodigio mágico: trabajando en secreto con el «Manual Introductorio de Magia» de la casa, domina casi de inmediato el conjuro silencioso y descubre que su reserva de maná crece con el entrenamiento, refutando la «verdad» del manual. A los tres años le asignan una tutora, la joven Roxy Migurdia de la raza migurd, y en dos años alcanza la magia de agua de rango Santo, superando a su propia maestra. Más importante aún: al llevarlo fuera de la aldea para su examen, Roxy cura el miedo a salir al exterior que le quedó de su muerte bajo el camión. En esos mismos años se acerca a la acosada semielfa Sylphiette y le enseña magia. Más tarde, al rescatar de unos secuestradores a una niña de la casa Boreas, se convierte en tutor a domicilio de la violenta Eris Boreas Greyrat y en alumno de esgrima de la Rey Espada Ghislaine Dedoldia y de su padre.
A los diez años, el mismo día en que prometió mostrarle a Ghislaine magia de alto nivel, estalla el Incidente de Teletransporte: un maná descontrolado borra toda la región de Fittoa, y Rudeus y Eris son teletransportados al otro extremo del mundo, el Continente Demoníaco. En un sueño, el Man-God le habla por primera vez y le aconseja confiar en el hombre más cercano. Ese hombre resulta ser el proscrito Ruijerd Superdia, de la perseguida raza superd; los tres forman la party de aventureros «Dead End» y emprenden un largo viaje de regreso a casa a través de los continentes. Por el camino, Rudeus alimenta al hambriento Emperador Demonio Kishirika, quien en agradecimiento le implanta un Ojo de Demonio de la Premonición en el ojo derecho. Libera a Lilia del cautiverio y conoce a su media hermana Aisha, se reencuentra con su padre Paul y, al final del viaje, maltrecho y a punto de morir a manos del Dios Dragón Orsted, pasa una noche con Eris, solo para descubrir a la mañana siguiente que ella se ha marchado, dejando una carta de despedida.
La partida de Eris lo quiebra: durante los dos años siguientes vaga con la lasciva elfa Elinalise Dragonroad, busca a su madre desaparecida Zenith y sufre impotencia. Por consejo del Man-God se matricula en la Universidad de Magia de Ranoa para investigar el Incidente de Teletransporte. Allí vuelve a encontrarse a sí mismo: conoce al «mago guardián Fitz», que es Sylphiette disfrazada, guardaespaldas de la princesa Ariel, reconoce a su amiga de la infancia, sana y se casa con ella. Sus años de universidad le regalan un círculo de amigos, el titiritero Zanoba, el orgulloso sacerdote Cliff, la otromundana Nanahoshi, y una vida familiar tranquila.
La búsqueda de Zenith lo reúne con Paul en el Continente Begaritt, en una ciudad-laberinto. En un mortal laberinto de teletransporte rescata de milagro a su antigua maestra Roxy de una guarida de monstruos, lo que años después conduce a su matrimonio, pero en ese mismo laberinto Paul muere protegiendo a su hijo. Rudeus saca de la mazmorra a Zenith, despojada de su memoria. El matrimonio con Roxy, el nacimiento de sus hijos, la enfermedad de Nanahoshi y la búsqueda de Kishirika lo van arrastrando poco a poco a la órbita del Dios Dragón Orsted.
El punto de inflexión llega cuando él mismo se le aparece desde un futuro condenado: un anciano canoso que perdió a toda su familia en la guerra contra el Man-God y fue enviado de vuelta por la magia de Orsted para advertirle que no se debe confiar en el Man-God. Rudeus construye una enorme armadura mágica de combate (el «primer modelo») y enfrenta a Orsted en solitario; a punto de morir, se alía con el Dios Dragón y se convierte en su subordinado en la guerra secreta contra el Man-God. Por esa misma época se casa con su tercera esposa, Eris, que en los años de separación se ha convertido en Rey Espada. Después vienen la guerra por el trono de Asura junto a la princesa Ariel, la guerra contra la demonio Atoferatofe, los viajes al Continente Demoníaco con el pueblo superd y, por fin, la batalla decisiva que priva al Man-God de todo medio para vencer.
Sus últimos diez años transcurren en paz: Rudeus cría a seis hijos, recorre el mundo preparándolo para el regreso de Laplace y trabaja bajo el nombre de «Estrella de Siete Puntas Silenciosa». Muere a los setenta y cuatro años, rodeado de hijos y nietos. En una habitación blanca, el Man-God lo recibe una última vez, y Rudeus, sin arrepentirse de nada, admite que sin ese enemigo tan claro no habría vivido su vida con tanta plenitud, le pone una mano en el hombro con las palabras «hazlo mejor de ahora en adelante» y se desvanece, sereno y satisfecho.